Luca observaba embelesado aquella curvilínea figura que caminaba de un lado a otro en aquel oscuro pub porteño. Era una mujer hermosa cuyo cuerpo lucía un ceñido jeans celeste, un peto negro ajustado que resaltaba las bondades de su cintura y usaba muñequeras de cuero que denotaban su gusto por el buen rock o música metal. Su cabellera negra, lisa al principio y risada al final, era cautivante y se bamboleaba a cada paso que daba con sus juveniles zapatillas negras.
Luca la observaba con detenimiento y se imaginaba qué tipo de vida podría llevar esa joven de veinte y tantos años. Estaba ensimismado pensando en cuántos hombres habían pasado por su perfecto cuerpo, cuántos labios habrá besado y cuántas lágrimas habrá derramado por hombres perversos y cuántas habrá derramado porque ella fue la causante de daños a hombres incautos.
Luca no dejaba de pensar en aquella mujer. Le era imposible, era demasiado bella y la deseaba, la anhelaba con todo su corazón, con todo su cuerpo y alma. Había decidido que ella debía ser la mujer que lo acompañaría por siempre. Dejó su vaso de cerveza a un lado y se envalentonó cuando ella se levantó al baño. La tomó por la cintura y realizó un contacto visual tal, que ella quedó perdidamente enamorada de aquel sujeto de cabello negro y desgarbado que la asía apasionadamente.
"¿Quién eres?", preguntó ella cautivada totalmente por la imponente presencia de Luca. "Soy quien te dará todo lo que has deseado jamás. Soy quien dará paz a ese corazón delirante y lleno de amarguras y tristezas. Soy la vida eterna", le dijo y le empujó contra la puerta del tocador y cerró con llave.
Matilda estaba absorta ante las palabras y la mirada del joven demonio, quien la desnudó y le mordió su pecho izquierdo absorvíéndole la sangre que corría como un hilo por la comisura del labio de Luca. Matilda jadeaba de placer y abrazó a su amante demoníaco con fuerza, no quería que él la dejara jamás... era la mejor sensación que había experimentado nunca. Atrás quedaban todas las penas, todos los hombres, todas las camas, todas las noches y vidas desperdiciadas... atrás quedaron las culpas y las malas palabras pronunciadas, atrás quedaron años de desesperanza y máscaras. Estaba muriendo, moría bajo el hechizo más fascinante y benevolente que las fuerzas sobrenaturales habían creado... estaba muriendo bajo el beso de un vampiro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 huellas:
Publicar un comentario en la entrada