sábado 30 de mayo de 2009

La historia de todos

Tras la noche y la luna roja, luego de las risas, llantos y lágrimas. Cuando todo se ha ido o acabado y no quedan más que los ecos de miles de vidas perdidas en el horizonte con el miedo vertiginoso a la improvisación que trae consigo la existencia. Luego de sueños rotos y algunos pocos que se concretaron, cuando el hogar se transforma y todo lo que en él había fue metamorfoseado o destrozado y el Rey celebra los errores de los comensales. Tras miles de cristales destruídos en el torbellino de la naturaleza humana en su afán de reir, gritar y sufrir para evitar el dolor, para evitar la gran broma de mal gusto que es el destino... para vivirlo mejor...
Cuando todo ello ha terminado, siempre hay dos cosas que quedan en pie y dos personas que las sostienen, que se aferran a ellas como si en ello se les fuese el alma. Cuando todo ha terminado y el bullicio se silencia, cuando la noche es día y la luna huye y el sol aparece y canta el gallo, siempre quedarán dos buenos amigos y dos vasos a medio terminar, filosofando sobre sus experiencias y adivinando qué es lo mejor y peor para ser mejores personas... aun sabiendo que digan lo que digan y hagan lo que hagan, no cambiarán su naturaleza... ni tampoco su sentido de la amistad, por algo ambos siempre son los últimos en pie tras la fiesta de la vida, son los que mueren con las botas puestas.

lunes 4 de mayo de 2009

Se cancela la serie

Estimados,

debido al bajo rating obtenido por "Darío", su protagonista fue asesinado de una manera tan ridículamente insignificante, que ni siquiera merece contarse en el blog. Disculpas a los que la estaban siguiendo, pero así es Blogiwood.

Saludos, Tuenti Senturi Fuck

jueves 16 de abril de 2009

Darío (tercera parte)

Darío se acercó sigilosamente y quedó frente a la anciana sin que esta se diera cuenta de la presencia del vampiro. Sólo un leve aroma a perfume le hizo levantar la mirada y vio aquel espectro de la noche, mirándola profundamente, totalmente enamorado. La edad, la ceguera y la latente cercanía de la muerte, le impidieron tener miedo, y sólo se limitó a hacer una pregunta.
-¿Eres un ángel?
-De ángel nada tengo, mas la inmortalidad, al igual que dios, puedo darte, si lo deseas -le respondió él-. No hay obligaciones, pero siento que tu corazón late de manera cada vez más irregular. Yo te ofrezco la vida eterna ante la eterna oscuridad y el misterio de la muerte.
-¿Cómo puedes hacerlo si no eres un ángel? -insistió la anciana y Darío quedó pensativo. La miró, y supo que le quedaba poco tiempo a la que anhelaba como su amante.
-No hay ángeles en el cielo, no hay un dios en el universo, los querubines son sólo fantasías, mas yo soy real... soy un vampiro, soy tu vampiro -le susurró con ternura rozándole la comisura de los labios, lo que ruborizó a la anciana e hizo que su corazón latiera más rápido, llevándola a un inevitable paro cardíaco.
-Para mí eres un ángel... -le dijo ella tocándose el pecho. La sensación de la muerte le hizo ver a Darío como lo que era, un ser suprahumano y que desafiaba las leyes de la naturaleza- Eres un ángel y deseo que me lleves en tu viaje... no quiero ir sola -dijo ella sintiendo la muerte.
Darío la tomó con fuerza de la nuca, y la abrazó por la cintura. La miró directamente a los ojos y le confesó el angustiante amor que sentía hacia ella antes de clavarle los colmillos en su arrugado y vetusto cuello.
El éxtasis inundó el cuerpo de la mujer y la recorrió la sensación más deliciosa que había sentido nunca. En esa mordida, Darío le otorgó todos los orgasmos que ella debería haber sentido en sus ochenta y cuatro años de existencia. "Amor, amor", gemía ella con una voz tan fina como aguda, la que fue cambiando con el pasar de los segundos a una mucho más suave y sensual. Darío conoció todos los secretos de la anciana. Primero supo su nombre: Tamara, y luego se enteró de todo lo demás, el intento de suicidio cuando supo de la muerte de su amado, los intentos de violación de su marido y sus consiguientes escapadas a casas de amigas, las que le llamaban la atención por no hacer caso a su esposo y la echaban para no tener a una mala mujer en sus casas; se enteró sobre su involuntaria anorexia y, por sobre todo, se enteró de su deseo de vivir la vida tal como lo haría la más irrefrenable rockstar, una vida llena de estímulos, viajes y goce.
Mientras succionaba la sangre, el vampiro decidió cumplir el deseo de Tamara. Mordió su propio labio y, mientras absorbía, también expulsó un poco de su inmortal sangre en las venas de la anciana. Ella gozaba con aquel orgasmo inducido por la mordida de Darío y notó un sinnúmero de cambios, la vista se le agudizaba, la fuerza volvía a sus gélidos brazos, incluso sintió que sus caderas tomaban nuevas fuerzas y que su seco trasero se llenaba nuevamente de vida, su jorobada espalda retornaba a esa figura arqueda de la juventud y vio que sus pechos se inflaron como los tenía hace sesenta y siete años atrás.
Tras unos instantes quedó agotada por la pérdida de sangre. Darío cortó una vena de su brazo y dio de beber a Tamara, quien aceptó gustosa aquel ofrecimiento. Bebió y bebió hasta que volvió a sentirse viva. La anciana se había ido, y, en su lugar, llegó una adolescente de 17 años de piel tersa y libido elevado. Había renacido. Darío le daba la posibilidad de tener una vida como la que ella nunca tuvo. En la sala de aquella vieja biblioteca pública Tamara había muerto para resucitar como una nueva mujer.

lunes 13 de abril de 2009

Darío (segunda parte)

Ilustración: Desespero

De aquello habían pasado largos quince años, los que Darío sentía en todos los sentidos, sobre todo porque sus pensamientos y mirada del mundo cambiaban, mas no su cuerpo. Cada vez que se observaba en el espejo no veía ninguna diferencia, los mismos cabellos, los mismos pómulos y ninguna arruga, de hecho, su rostro era cada vez más terso. Y sí, Darío era capaz de verse en el espejo, al igual que todos los vampiros que pisan la tierra.
-Yo pensaba que no podíamos ver nuestro reflejo... -dijo Darío a su inmortal amante.
-Boludeces, bebé. ¿Por qué no podríamos vernos en los espejos o en la superficie del agua? Algunos dicen que es porque no tenemos alma, pero si fuese así, tampoco podrían verse las mesas, o las sillas o cualquier cosa sin vida. No escuches los relatos de viejas... y ven a mí -le respondió Camila.
Ella le enseñó muchas cosas acerca de su condición de vampiro, pero Camila era como el mar, indómita, indomable, caprichosa e impredecible y una noche se marchó. Darío, como en todos los atardeceres, acababa de salir de su sopor vampírico y fue a buscar a Camila como acostumbraba hacer durante seis años, mas no la encontró. No sintió rastro de olores, de aromas ni nada. Su maestra y amante había desaparecido de la faz de la tierra, dejándolo solo en el mundo.
Ese fue el punto de partida de Darío y su insaciable búsqueda por encontrar alguien a quien convertir en vampiro y que lo acompañara en su insoportable inmortalidad. Iban nueve años y ninguna mujer u hombre resultaba idóneo para él. "Los jóvenes han cambiado. No existen ideologías de vida, no existen creencias, sólo existe el divertirse. Ya no hay profundidad, mas la superficialidad abunda en exceso", meditaba y desechaba la idea de tener un compañero inmortal.
La desechaba cuando iba a los pubs o cuando escuchaba sus conversaciones, nada tenía sentido para él... y había decidido acabar con su vida. Camila le comentó que no había forma de acabar con un vampiro, no servían las estacas, no servían las cruces, ni los ajos, ni las semillas de amapola, ni nada que el milenario conventillo hubiese dicho alguna vez. La única vía para morir era el fuego -sólo con los débiles- y la luz del sol. Darío era un vampiro fuerte y la luz del sol era lo más conveniente, así que tomó la terrible decisión de poner fin a su solitaria existencia de apenas nueve años, un suspiro de vida para algunos chupa sangre.
Antes de morir, recordó que un suicidio es la condena al infierno, por lo que decidió leer la Divina Comedia para saber a qué atenerse cuando el barquero lo transportara por el río Estigia hacia las puertas y los consiguientes círculos del averno.
En la madrugada se introdujo furtivamente en la biblioteca pública y su deseo por la vida renació nuevamente al escuchar los pensamientos de una mujer, "una bella mujer", pensó. Recorrió algunos pasillos, acarició el canto de los libros y respiraba ese aroma a antigüedad que expelía aquella doncella. Una eternidad le pareció aquel momento en el que vislumbró a esa doncella, a esa hermosa, culta, apetecible e insaciable doncella, que no era más que una pequeña anciana de lentes y moño en nuca que estaba inmiscuida en su lectura. Ella no veía a la sombra que se movía entre los enormes tomos, ni tampoco vio los dos puntos fosforescentes que eran sus ojos al reflejar la luz de la luna, los que la observaban con deseo y fascinación.
La historia de esa anciana era triste. Ciñéndose a la costumbre de su familia, la obligaron a casarse a los 14 años con un hombre mucho mayor que no la amaba y que ella no amaba. Ella estaba enamorada de un joven quinceañero que se quitó la vida cuando ella dio el sí en el altar. En pago, la anciana nunca tuvo relaciones con su esposo y se fundió con la enorme biblioteca que él tenía, y cuando su marido murió, ella cedió todos los libros a la biblioteca pública y ahora trabajaba allí. De día leía textos de Cervantes, Shakespeare y Quevedo, mientras que de noche satisfacía su lujuria con Bianca, Corín Tellado y novelas para adultos.
Fue en esa situación que Darío la encontró, leía el kamasutra del sexo oral, algo que ella nunca había probado, pero que anhelaba, aunque sabía que a sus ochenta y cuatro años le era imposible disfrutar.Darío leyó sus pensamientos y se enteró de su lujuria, su pasión y su infinita inteligencia, orgullo y obstinación. "Ella debe ser mía", se dijo para sí.

lunes 16 de marzo de 2009

Darío (primera parte)

El brillo de las estrellas penetró tan fuerte en sus ojos que estos comenzaron a lagrimear. La luz de la luna le parecía sumamente fuerte y apenas podía mantener los párpados abiertos, por lo que puso su mano izquierda sobre ellos. Con la derecha consiguió levantarse y abrió poco a poco sus doloridos ojos para darse cuenta que estaba solo sobre un terreno baldío.No tenía idea de cómo había llegado allí, pero todo lo veía claramente pese a la oscuridad de aquel cielo de medianoche. Notaba que la luz de los astros se reflejaba en cada hoja, cada rama y en cada grano de tierra, como si todo estuviese rodeado por un extraño y enigmático rocío refulgente, "tipo aura índigo", pensó él.Su camisa de seda blanca estaba polvorienta y se palmeteó los brazos en un infructuoso acto de limpieza; fue en ese momento que se percató que no llevaba consigo su chaqueta de cuero y la buscó en el acto por los alrededores. Al cabo de quince minutos dio con ella.¿Qué le había pasado?Apenas podía recordarlo. Esporádicas imágenes venían a su cabeza, imágenes caóticas, de muerte...Darío había quedado de juntarse con unos amigos aquella noche. Eran cinco en total, dos conocidos y dos amigas de éstos. Una blanquita de ojos azules con el pelo teñido rojo llamó especialmente la atención de Darío, quien usó toda su seducción para engatusarla. Media hora después, aquella gatita estaba sentada sobre sus rodillas acariciándole su largo y azabache cabello, que adornaba la cara semi tostada del sujeto.Pocas palabras salían de la boca de aquella adolescente de 18 años. Con gestos y miradas furtivas le indicó a su macho que quería estar con él de una manera más íntima. Pese a todo lo que le gustaban las mujeres, a Darío no le agradaba mucho eso de fornicar en la primera cita, menos si se acababan de conocer. Le daban un poco de miedo las enfermedades venéreas. Pero esa niña era tan candente que poco le importó el sida, sífilis o la gonorrea, "total con un condón la hago de oro", se dijo a sí mismo...Salió de aquel bar y abrazaba a la muchacha por la cintura y ella le correspondía con excelentes besos franceses. Si Darío hubiese revisado el currículo amoroso de su cita de turno lo habría pensado dos veces. La peliteñida tenía a su haber unos cincuenta galanes en la cama y unos doscientos que habían pasado sólo por sus labios, todos fueron sumados a partir de sus tiernos 13 años."Conozco un motel que está en las afueras. Yo manejo", le aconsejó ella y partieron. Era cerca de la medianoche cuando iban por aquella oscura y despoblada carretera. Darío acarició el muslo y luego subió por su tenue curva hasta llegar a la gloria de aquella chica. Estaba húmeda. Ella pisó el freno en seco y se abalanzó sobre su galán sin esperar llegar al motel, convirtiendo aquel Camaro en un excelente, pero algo incómodo, lugar para dejarse llevar por el deseo.Los labios de la chica conocieron los lugares más privados de Darío. Sin dejar de mirar a su víctima número cincuenta y uno le practicó un angustiante felatio, que lo dejó totalmente sin fuerzas y apenas podía moverse. Estaba mareado y un terror le inundó la mente.Ella se acercó y le besó los labios, depositándole una viscosa sustancia que no era más que su propia sangre.-Mi bello, mi querido -le susurraba la voluputosa súcubo, mientras saboreaba la sangre del pobre Darío. El burdeo líquido brotaba desde su miembro y ella seguía succionando y arañaba de placer el pecho de su inmóvil víctima, quien ni siquiera podía pedir por auxilio ante la pérdida del vital elemento-. Me llamo Camila, pero mis camaradas me llaman Lilith... dicen que me parezco a ella por mi insoportable promiscuidad -gemía acariciándose los pechos empapados en sangre-. ¿Dónde te me habías escondido, tesoro mío? ¿Dónde? -dijo y con una velocidad terrible le enterró los colmillos en el cuello y le drenó toda la sangre- ¿Quieres ser mío? tu excitante juventud puede durar para siempre si me dices que sí ¿aceptas?Darío, lleno de miedo a la muerte y al frío que comenzó a sentir poco a poco, balbuceó un inentendible "sí", el que ella acogió autoflagelándose el pecho bajo el pezón y lo depositó en la boca del joven, quien comenzó a lamer con mórbida fascinación, como si bebiera de la misma fuente de la juventud, del mismo cáliz de la vida eterna...

jueves 5 de marzo de 2009

Lucha de género

Carlos estaba de pie, apoyado en su escritorio. Su mirada denotaba altanería mientras su compañera de trabajo hablaba de feminismo y la liberación de la mujer. Ella movía las manos con ademanes fuertes y casi varoniles. Su apasionada lengua hablaba de un misterioso incendio ocurrido en 1857, en el que muchas mujeres habían sido quemadas vivas por sus patrones.
Una vez que guardó silencio, Carlos la miró y decidió hablar.
-Discúlpame, Adriana, pero para mí, el femenismo es una estupidez.
-¿¡Qué dijiste!? -respondió ella con furia llegando a botar uno que otro pisapapel, y hablarle con rabia al "enemigo" que estaba frente a ella- Muchas mujeres son golpeadas y maltratadas por sus maridos, les pagan menos en los trabajos, son discriminadas ¿y tú me dices que el feminismo es una estupidez? ¡es nuestra forma de luchar contra los gorilas como tú! -le gritó la joven. Carlos, soportando con soberbia y con prestanza el iracundo discurso, peinó su cabello con ambas manos y comenzó su defensa.
-Mira, tú, feminista. El mundo ya está suficientemente dividido para que ustedes creen ese concepto tan arcaico. Tanto machismo como feminismo están mal... los hombres y las mujeres somos seres de una misma especie que conviven y se complementan. Somos personas. Tenemos nuestras diferencias, sí, pero que nos hacen necesitarnos mutuamente. En cambio, el feminismo y el machismo generan diferencias irreconciliables y crean absurdas luchas de género. Matices de una pelea contra un enemigo aún mayor: el abuso de poder en todas sus formas.
Imagina un mundo lleno de seres que pelean sus propias batallas... sería el caos y nadie lograría nada porque todos sus intereses se interponen con los del otro. Están las feministas y su lucha contra la no discriminación de género... se quejan porque no quieren estar abajo y cuando les dicen que estén arrriba se quejan porque las consideras sólo un objeto de placer. Pero ¿qué pasa con la discriminación racial o con la discriminación homosexual?
Los que se quejan contra los racistas sí que tienen mucho por lo que pelear, porque son hombres y mujeres que han sido maltratados por una sociedad decadente. Las víctimas de racismo existen desde que el mundo es mundo, fueron víctimas tanto de hombres como de las mujeres poderosas de las distintas épocas, mujeres que flagelaban a sus esclavos y esclavas africanos porque no les lavaron bien el vestido. Muchas mujeres del viejo continente castigaron a sus esclavos sudamericanos porque se les dio la gana, y de hecho la conquista de América fue el genocidio más grande de toda la historia y fue perpetrado por ambos sexos.
Incluso muchas mujeres jefas de empresas tratan mal a sus empleados, sean hombres y mujeres... ahí radica todo el problema: el poder.
Si hombres y mujeres trabajadores nos propusiéramos derrocar el poder que nos humilla y nos maltrata, todo sería mejor. El capitalismo, el imperialismo, las naciones opresoras... todos tienen que caer, pero ¿sabes? ellos están concientes de eso, y por ello inventan distintas luchas sociales... aparecen los animalistas, los vegan, las feministas, etcétera, porque es una forma de debilitar a la sociedad y hacerlos que se desvanden... para llegar donde siempre, a los brazos del mercado, comprando chapitas contra esto, chapitas contra esto otro, los que no comen carne compran carne de soya, poleras del ché Guevara, poleras de Castro... y todo se reduce a la compra, al mercado, a engrandecer el capital y el abuso de poder que éste trae consigo.
Son el capitalismo, el modelo liberal, el abuso en general y sus seguidores los enemigos a enfrentar.
Yo sé que las mujeres son explotadas y tratadas como seres inferiores. Tal como dijo Engel "las más explotadas son las madres de nuestro pueblo. Ellas están de manos y pies amarrados por la dependencia económica. Son forzadas a venderse en el mercado de la boda, como sus hermanas prostitutas en el mercado público". Pero, al final todo se traduce al poder y la dependencia y, actualmente, al mercado y al dinero, el más grande poder que ha existido jamás, más que el amor, más que la familia, más que la sociedad, más que nuestro propio planeta, lamentablemente.
El feminismo no hace más que fraccionar y debilitar la verdadera lucha y tú, Adriana, te estás matando sola al pelear de manera individual. Cuando el ser humano entienda esto, todos los explotados y discriminados pelearemos contra un enemigo en común para poder ser realmente libres y felices, contra la base del problema y no sus matices... y espero que llegue pronto ese día o sino el mundo se irá a la mierda.

sábado 3 de enero de 2009

Historias de superhéroes

Andrés
Andrés se puso su capa y una máscara con forma de águila. Había seguido las reglas fundamentales de los superhéroes: calzoncillos sobre los pantalones, ropas ajustadas, guantes, un cinturón con muchas herramientas y botas resistentes, acordes con la exigencia del oficio que iba a seguir.
Se paró sobre el marco de su ventana ubicada en el piso número 14 y miró hacia el horizonte, esperando que algún grito de socorro diera inicio a esta heróica jornada. Un "auxilio, por favor ayúdenme", alertó a Andrés y este saltó al vacío para caer de cara sobre el pavimento descuartizándose con el impacto.
Andrés no sabía volar y no tenía poderes, sólo era un esquizofrénico-fanático-de-los-cómics-de-superhéroes. Toda su vida la pasó encerrado en casa leyendo historietas fantásticas y lo único bueno que había hecho en toda su existencia fue asesinar al ladrón en su caída.
"Vivió como un nerd, murió como un héroe", decía su epitafio. La joven rescatada por Aguilaman dejó una rosa y una lágrima en la tumba de su salvador y se alejó llorando bajo la tenue lluvia de otoño.

Escarabajo
Hace años le habían entregado un escarabajo egipcio. "Tú trabajas con esto, así que te lo regalo", le había dicho un amigo que había viajado a esa tierra de pirámides y esfinges. El anticuario observaba con delicadeza aquel escarabajo de oro tan valioso y se rascaba la cabeza con fascinación. "¿Cuánto costará esta cosilla?", se preguntaba. De pronto, un brillo salió desde el interior de aquella efigie y envolvió al asustadizo anticuario, convirtiéndolo en Escarabajo Dorado.
El anciano sintió una fuerza sobrehumana y sus músculos se volvieron de acero, los brazos tenían la fuerza de mil hombres robustos. Lamentablemente sólo era una fuerza proporcional, ya que el pobre anticuario se había convertido en un pequeño escarabajo dorado estiercolero consciente de su calidad de humano, por lo que, viéndose en esa situacion, comenzó una larga carrera como superhéroe de insectos, salvando hormigas y cucarachas en apuros.
Así, durante el día es un anciano indefenso, y durante las noches es ¡Escarabajo Dorado, héroe del mundo insectario!

Teletransportador
Teletransportarse dicen que es un excelente poder. Yo lo tuve alguna vez, pero lo desperdicié. Los que conocían mi secreto me decían que debía salvar al mundo o que si alguien se caía de un edificio yo debía teletransportarlo al piso para que no se impactara de lleno con éste.
Pero ¿qué podía hacer? era joven y lo único que deseaba era ver tetas, potos y vaginas. Rico po'... ver mujeres en pelota en los baños era lo mejor, sobre todo, porque la invisibilidad también era uno de mis dones.
Aún recuerdo cuando me teletransporté a un baño en una disco, lugar donde todas las mujeres van arregladitas para conseguir un hombre por lo que dure la noche. Sí.... aún me acuerdo de ese olor a perfume, sudor femenino, tabaco y ron. Ellas no eran capaces de verme y se bajaban los pantalones y calzones para orinar y otras, más osadas, sacaban a relucir todo su lesbianismo y se acariciaban y lamían sus jugosas entrepiernas. Se metían los dedos por detrás y luego su amante se los lamía con devoción pagana. Sólo recordar eso hace que se me pare...
Todo iba tan bien, tan bien... a veces les pegaba su agarrón a las desinformadas nenas y hasta me dejaba caer en sus casas y las violaba por todos lados. Con mi invisibilidad nunca supieron qué les pasó. Lo más gracioso era ver cómo al día siguiente llegaban chamanes para hacerle "limpieza" a las casas y sacarle las malas vibras o, simplemente, exorcizarlas.
Todo iba bien hasta que dos sujetos aparecieron en mi camino. Uno era un tarado con cabeza de águila y el otro era un viejo de mierda que se transformaba en escarabajo. Algo me hicieron, nunca lo supe. Eran capaces de verme y de saber dónde me iba a aparecer. El lunático aguilicho me golpeó y el insecto me lanzó un puto hechizo... cuando desperté estaba con una camisa de fuerza en el hospital siquiátrico de Valparaíso... había sido derrotado.
Pero la venganza es deliciosa... mis poderes ya regresaron. Días atrás no me costó nada empujar a Aguilaman por su ventana, y el otro día limpié de mis botas la mancha que quedó de Escarabajo Dorado...
Ahora no me queda más que seguir violando nenas en las discos... ¡¡y nadie podrá detenerme!!

miércoles 10 de diciembre de 2008

Hijo de las tinieblas, renegado del sol

* Revival. Imagen: película Nosferatu (1979)

Ahí estaba él, saciándose groseramente con la sangre de su víctima. Se relamía los labios con morbida fascinación y sus ojos desorbitados observaban el hermoso cadáver de la mujer que yacía en sus brazos.
Nadie escuchó los agudos gritos de socorro.
El sujeto seguía bebiendo a borbotones el rojo y viscoso fluido que manaba del cuello de la pobre dama. Aquel hombre o criatura, era un vástago de las tinieblas, bebedor de sangre, prole demoniaca que renegaba del astro sol.
Abrazaba firmemente a la joven mientras ésta sufría espasmos ante la pérdida de sangre. Era una mujer fuerte, al demonio le había tomado tiempo vencerla, ya que era un vampiro neófito y no tenía las fuerzas suficientes ni el poder hipnótico necesario para seducir de mejor manera a sus víctimas.
Observó el cielo nocturno y notó que se había tomado más tiempo del necesario. Estaba aclarando.
Desesperado intentó huir, pero la puerta de la casa se rompió en mil pedazos. "¡Cazavampiros!", gritó el ser y los corpulentos hombres se abalanzaron sobre él y lo sacaron a la luz del sol. La bestia emitió chillidos y gritos desaforados cuando la blanca radiación solar tocó su cuerpo, pero nada le hacía... no se quemaba, no explotaba.
"¡Soy el vampiro más poderoso del mundo! Ni el sol puede conmigo"´, se reía. Pero sus fuerzas no le respondían y los hombres, todos vestidos de blanco, lo encerraron en una camioneta acolchada y le envolvieron con una extraña camisa que aprisionaba sus débiles brazos.
Los detectives acordonaron el lugar del homicidio y cerraron el caso del lunatico asesino.

jueves 20 de noviembre de 2008

Juicio final

Todos lloraban de rodillas y se persignaban con devoción ante aquella figura divina que se cernía de manera majestuosa sobre las rojas nubes que a esa hora precedían el atardecer. Las mujeres lloraban y los hombres se rasgaban las vestiduras pidiendo misericordia y perdón por sus pecados. Los sacerdotes bebían desesperados el vino de sus cáliz y se atiborraban con las pastosas e insípidas hostias, mientras que las prostitutas con el maquillaje corrido se aferraban a las sotanas de estos para que las confesaran.
Todo el mundo tenía miedo ante aquel enorme sujeto de dantezca barba, que miraba con ojos inquisidores a la humanidad, penetrando en cada una de las personas, intentando visualizar su alma y las maldades que habían cometido. Sólo un hombre no tenía miedo, sólo un hombre no se arrodilló ante aquella deidad, sólo un hombre se atrevió a levantarse y dijo "¡bullshit!".
Dios, Jehová, Yhvh, El-Shaddai, Alá, Adonay, Elohim, o como se llame, miró con arrogancia al insignificante ser que profirió esa palabra desafiante, un simple tipo sin nombre.
-¿A qué vienes? ¿Por qué no te quedas en tu maldito cielo con tus ángeles afeminados tocando arpas y manoseándose sus pelotas, hijo de puta? El mundo está bastante bien sin tí -dijo el sujeto y su voz resonó en todo el planeta.
-Hijo mío ¿por qué estás molesto?
-Yo no soy tu hijo, porque no tengo una guarra de abuela -respondió el tipejo-. Y estoy molesto, porque nunca nos ayudaste. Simplemente nos dejaste matar entre nosotros, causarnos sufrimiento y morirnos de hambre, para después llegar y condenarnos. ¡Así no se hacen las cosas! Eres un simple niño caprichoso con un insectario, malnacido.
Dios lo miró, miró al resto de la temerosa humanidad y rió a carcajadas, carcajadas tan fuertes que muchos de los seres humanos murieron ante el estruendo comparado sólo a mil millones de bombas atómicas.
-Escucha, pendejo -respondió la divinidad-. Tú eres tan insignificante para mí como la pulga de una hormiga. ¿Entiendes? ¿Entienden todos? No son nada para mí, no valen nada como humanidad. Me equivoqué al crearlos, y por eso no vine a juzgarlos, vine a exterminarlos... no habrá un cielo lleno de ángeles para ustedes, no habrá redención ni verdes praderas llenas de paz y armonía, no habrá nada... sus almas serán disueltas y desaparecerán de la faz del puto limbo. Pero tendrán una oportunidad, para que vean que soy bueno. Ven, Jesús -dijo el todopoderoso y llegó un tipo flaco de apariencia hippienta y túnica blanca-. Él, como ya todos saben, es mi hijo, Jesús... si él muere, ustedes vivirán -sentenció y Jesús se puso pálido como un maldito y asustadizo fantasma.
"¡QUE MUERA, QUE MUERA!", gritaron todos, menos el sujeto rebelde que aún estaba de pie. Él tomó un cuchillo que le había regalado su abuelo y corrió todo lo que pudo contra la enorme figura de dios y subió por sus piernas hasta llegar a su hombro y luego hasta su cuello. Levantó su afilada daga y la enterró en la todopoderosa piel de dios, quien apenas se rascó como si lo hubiese picado un insecto.
Jesús, viendo tal muestra de valor de parte de aquel humano, tomó del cuello a su padre y apretó con fuerza.
-Ya estoy harto de tí, viejo de mierda. Dejaste pésimo a María Magdalena, hiciste sufrir a María y a José, y repetiste el mismo acto por siete veces, maldita sea. ¡Me han crucificado siete veces! Una por cada vez que se te ha ocurrido destruir y luego salvar a la humanidad -gritaba y apretaba aún con más fuerza- Me tienes harto, ¡ataquen jinetes!
Ante esta orden de Jesús, cuatro enormes soldados montados a caballo aparecieron y comenzaron a destruir la creación y, al mismo tiempo, a atacar con flechas a dios, que ya estaba de rodillas ante la espantosa y terrible fuerza de su hijo.
Era víctima de todo el mundo. Los ángeles se alzaron contra dios, al igual que los jinetes del apocalipsis y Jesús. Hasta el mismísmo demonio salió de los más profundo del averno para aprovechar de sodomizar a su eterno contrincante. "Todo está mal, todo está saliendo mal", deliraba dios y despertó.
Jehová se restregó los ojos, vio que la súcubo de turno seguía durmiendo desnuda a su lado. Se levantó de la cama, tomó un martillo, tres estacas, una cruz y se dirigió a la habitación del pequeño Jesús. "Hijo, papi quiere hablar contigo", dijo cantando y se encerró en la pieza junto a su divino primogénito.

jueves 16 de octubre de 2008

Apología de La Roja

Aquí estoy en la tribuna de prensa del estadio Nacional junto a los otros medios de comunicación. De fondo vemos una galería totalmente roja entonando el típico canto "vamoos, vamoos, chileenos. Que esta noche, tenemos que ganaar". (foto: Patricio Navarro)

Sorry a todas, sorry a todos, pero en esta entrada no contaré una historia, no contaré una anécdota, no... haré una apología del equipo de todos, mi selección chilena: La Roja.
La apología, corta y precisa, más que todo un comentario de fanático sobre el partido que chilito tuvo contra Argentina por las clasificatorias al próximo Mundial, un partido que hizo historia.
Desde pequeño yo me preguntaba ¿por qué a los chilenos nos caen mal los argentinos? ¿Será por el conflicto de Laguna del Desierto, los territorios en Campos de Hielo Sur, la división de la Cordillera de Los Andes, porque Pinochet le entregó información a Margaret Tatcher en plena guerra de Las Malvinas? ¡¿Por qué?! Bueno, finalmente la respuesta la supe a los ocho años... odiábamos a los argentinos porque nuestra selección nunca, pero NUNCA, le había ganado a la albiceleste un partido válido por puntos de campeonato. Así de simple, así de conciso, así de tonto.
Pero el miércoles 15 de octubre (un día antes de esta entrada) se cambió la historia ¡¡y yo estuve ahí!! Sí, estuve en el partido en que La Roja le ganó por 1-0 a los trasandinos y grité el goool con toda mi alma. Estuve en la conferencia de prensa de "el loco" Bielsa y Alfio Basile, quien reconoció que "Chile fue una máquina".
Grande Chile... una victoria ante uno de los grandes del fútbol mundial es una apología por sí sola. Ahora tenemos que conseguir unos cuantos puntos más y estaremos en el Mundial de Sudáfrica 2010.
Pero ¿por qué estoy tan contento? Fácil. Porque en mis cortos 24 años vi cómo el mejor arquero de Chile, el "cóndor" Rojas, se tajeaba la cara contra Brasil en el 89' y vi por las noticias cómo nos vetaron de dos mundiales (Italia 90' y Estados Unidos 94'). Para peor, a dicho guardameta (mi favorito) lo expulsaron de por vida del fútbol profesional. Por esta razón, la única vez que vi a La Roja en un Mundial fue en Francia 98' ¡¡y eso hace 10 putos años!! Imagínense entonces mi felicidad: obtuvimos un partido histórico y tenemos nuevamente oportunidades para ir a un Mundial porque vamos terceros en la tabla de posiciones sudamericana.
Gracias cabros, sobre todo a Carmona, Fernández y al autor del único tanto del lance, Orellana.

Aquí estoy junto al reportero gráfico del diario y mi amigo, Cristian Orellana. Estamos posando en la entrada de prensa del estadio. (foto: Felipe Maldonado)

Esta foto ya es después del partido ¡¡y la victoria!! De izquierda a derecha somos: quien escribe, el reportero gráfico Cristian Orellana, y los periodistas Felipe Maldonado, Patricia Espina y Rafael Sarmiento. (foto: techo del auto)